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jueves, 16 de febrero de 2017

Oposición venezolana ha actuado en 17 años de Revolución bajo instrucciones extranjeras


El 16 de febrero del año 2013, Wikileaks reveló 73 correos electrónicos que confirmaron las acusaciones de algunos dirigentes y movimientos revolucionarios, que aseguraban que los líderes de la derecha venezolana y sus acciones orientadas a derrocar la Revolución Bolivariana, han sido financiadas y planificadas por organizaciones extranjeras, favorables a los intereses de los Estados Unidos y los grandes capitales internacionales.

Los documentos publicados hace cuatro años por Wikileaks revelan la intensa actividad y colaboración, para la desestabilización política y social de Venezuela, entre las empresas Stratfor -de Estados Unidos, dedicada al espionaje y señalada de ser una suerte de CIA privada- y el Centro para la aplicación de acciones y estrategias no violentas (Canvas por sus siglas en inglés), uno de los productos residuales del movimiento político serbio financiado por la CIA para eliminar a Slobodan Milosevich, entonces presidente de Yugoslavia, en el año 2000. Este grupo es conocido en el mundo por dedicarse a diseñar planes para derrocar gobiernos.

La información que contenían algunos de los documentos revelados, permitió constatar incluso que Canvas llegó a diseñar la campaña opositora para las elecciones parlamentarias de 2010, y que inició su labor en Venezuela en 2006, y formó parte del diseño y ejecución del plan que utilizó como protagonistas a los movimientos estudiantiles durante el año 2007, principalmente en Caracas, que buscaba la desestabilización política del país para desatar las circunstancias propicias para el derrocamiento del Presidente Hugo Chávez.

Con la utilización de "la juventud" y los movimientos estudiantiles, debido a que gozaban de mayor credibilidad que los partidos políticos en la opinión pública de entonces, Canvas, según uno de los informes divulgados por Wikileaks llamado "Análisis de la situación en Venezuela", perseveró en la búsqueda de alternativas para propiciar el derrocamiento de la Revolución, y en 2010 propone tomar como bandera de las "protestas estudiantiles" la crisis eléctrica que entonces era ocasionada por una fuerte sequía, en la que las represas del país llegaron a niveles por debajo del mínimo histórico. 

El 14 de enero de 2010, Karen Hooper, analista de Stratfor para América Latina, escribió en un correo electrónico revelado por Wikileaks: "Parece que el colapso eléctrico podría ser una buena excusa para llamar a una emergencia nacional. Muy interesante".

Dos semanas después, el 28 de enero, estudiantes de las universidad Central de Venezuela, Católica Andrés Bello, Simón Bolívar, Santa María y Monte Ávila, entregaban en la sede de Corpoelec, en Caracas, un documento en el cual exigían el cese del racionamiento eléctrico que mantenía la empresa estatal, en vista de la sequía que afectaba las plantas hidroeléctricas del país.

Basados en la experiencia de la desestabilización de Serbia, que produjo el grupo serbio conocido como Otpor (resistencia, en español) surgieron en Venezuela el grupo JAVU y otros grupos similares, genéricamente conocidos como “manos blancas”, integrados por jóvenes de derecha, que protagonizaron el "movimiento estudiantil" de 2007, que entre otras cosas incitaba a la violencia callejera en "protesta" por la no renovación de la concesión de un canal de televisión -de abierta militancia política opositora- que ocupaba un lugar en la señal abierta del espectro radioeléctrico de la nación.

Estas organizaciones de jóvenes formados, y en muchos casos entrenados en uso de armamento, por organizaciones extranjeras, insisten en que sus acciones son orientadas por la "lucha pacífica" y la "no violencia", sin embargo siempre devienen en acciones violentas de calle e intentos de desestabilización.



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lunes, 13 de febrero de 2017

Cuatro empresas controlan el mercado nacional de harina panadera (investigación)


De todas las esferas económicas que trastoca la guerra en curso, sin lugar a dudas la de la alimentación es la más afectada. Y dentro de ella el pan de trigo (herencia cultural de los patrones de consumo forjados por la época colonial), en cuanto simbolización de la "dieta venezolana" y rutina económica de la mayoría de la población.



La situación actual del pan en sus distintas presentaciones para el consumo masivo, signada por la escasez y el racionamiento de las panaderías, resume a su vez un conjunto de factores históricos, culturales y económicos que evidencian la cara más fea del rentismo: la dependencia alimentaria de rubros que no se producen en el país, la cartelización de su producción y distribución en pocas empresas, la homologación cultural del consumo de pan al trigo y su deterioro cuando caen los precios del petróleo.
Desde la puesta en marcha de la Venezuela Saudí, el control de este rubro y sus distintos derivados (harina panadera, para pastas, galletas, tortas, chucherías, harina para consumo doméstico, harina para producción de panes de perro caliente o sándwich, etc.) se vino concentrando en pocas empresas, aumentando su capacidad de control sobre el ciclo importación-producción-distribución.

Control oligopólico de la harina de trigo

Una investigación de la Asociación de Molinos de Trigo (Asotrigo), presentada en 2013, refleja que sólo cuatro empresas controlan el 78% del mercado de la harina de trigo en Venezuela, y específicamente, el mercado de harina de uso industrial para fabricar panes. Agrupan más del 50% de los molinos que funcionan en el país (12 en total) y los principales canales de distribución para las 10 mil panaderías existentes en el país.
Estas empresas son: la corporación CargillMonaca (perteneciente al grupo mexicano Gruma), Molinos Carabobo (Mocasa) y Molvenca de las empresas Sindoni.

Cargill controla, según esta investigación del gremio empresarial, 27% de la cuota de mercado, Monaca el 26%, Mocasa 15% y Molvenca 10%. Entre todas suman el control del 78% de la cuota total del mercado de trigo y de la harina panadera de uso industrial. El restante 22% está distribuido en empresas molineras y fabricantes de productos a base de trigo de pequeño tamaño, como Molinos Hidlago, Siseca, Faparca, Pastas Capri, La Lucha y Pastas La Especial.

Específicamente en esta línea de derivados, Cargill es propietaria de las marcas Rey del Norte, Águila y Gramoven, que se comercializan en sacos de 45 kg para la industria panificadora y las panaderías. Monaca distribuye la harina de uso industrial Robin Hood, comercializada en sacos de 20 kg. Molvenca por su parte es dueña de las marcas La Soberana y La Reina, igual en presentaciones de 45 kg.

Directivos y propietarios

Según el registro nacional de contrataciones, el presidente de Cargill en Venezuela es Jon Ander Badiola, quien a su vez es presidente de Venancham, la casa representante de los intereses comerciales de las corporaciones estadounidenses en Venezuela. En distintas oportunidades el presidente Nicolás Maduro ha acusado a Venancham de ser uno de los actores principales de la guerra económica contra Venezuela, por ser el ente que concentra y dirige los intereses de las transnacionales que ocupan sectores estratégicos dentro de la economía nacional (industria farmacéutica, alimentaria, productos de aseo personal, etc.).

Monaca (perteneciente al grupo empresarial mexicano Gruma) tiene como presidente de operaciones en Venezuela a Henry Castro, quien sustituyó hace pocos años a Nicolás Constantino (presidente de Asotrigo), quien también forma parte de la junta directiva de Monaca. En abril del año pasado, el sindicato de esta empresa tramitó una denuncia ante el Ministerio Público para que se investigara a Castro por la desaparición de 550 toneladas de trigo existentes en los inventarios de la empresa, destacando que la gobernación del estado Zulia y los cuerpos de seguridad del Estado ejercen la vigilancia correspondiente.

En Venezuela más han logrado las corporaciones con la comida que con las armas

Mocasa por su parte es propiedad, según el registro nacional de contrataciones, de Inversora Baspass (75% de las acciones) y Mario Gomes Camacho (25% de las acciones), ambos nombres son opacos y no es muy amplia su información fiscal. Como presidente de la empresa figura Giovanni Basile Passaalacqua, quien a su vez aparece en los Panamá Papers con dos empresas offshore registradas en Nevada, Estados Unidos (Gold Lake LLC y Diamond Lake LLC). Una empresa offshore operativamente hablando es utilizada para evadir impuestos, lavar capitales y ocultar las operaciones financieras de un negocio, lo que jurídicamente cabe como un acto de corrupción.
Monvelca-Empresas Sindoni es, como su nombre lo indica, propiedad la familia Sindoni, una de las familias italianas con mayor peso económico en Venezuela desde mediados del siglo XX. En el año 2013 Giussepe Sindoni, presidente y dueño de la empresa, demandó al diario mayamero El Venezolano por acusarlo sin fundamentos de lavado de dinero y actos de corrupción en 2012. Sindoni reclamó 15 mil dólares por daños y prejuicios ante una corte de Miami-Dade.

Distribución tercerizada

Una investigación realizada en el año 2006 evidenció cómo Cargill, en términos de distribución, era un deficiente por no decir menos. Apunta el estudio: "No hay una buena utilización del transporte a los despachos a las regiones de Oriente y Centro-Occidente, lo que encarece el costo del flete". Asimismo Cargill no realiza la distribución de la harina panadera, sino que la terceriza a empresas distribuidoras que hacen deficiente, caótica y desorganizada la distribución, fomentando el bachaqueo y la reventa irregular del producto.

Otro problema que señala la investigación es que las zonas de Oriente, Los Andes y los Llanos la distribución es aún más insatisfactoria, debido a que las zonas de despacho se encuentran aglomeradas en la zona Centro-Occidente del país, complicando el traslado oportuno de la harina panadera. Este problema es también constitutiva de las tres otras empresas comentadas, ya que se ubican alejadas de centros urbanos y zonas periféricas. La situación actual del pan de trigo puede explicarse por la caída de los precios del petróleo o la estructura bachaquera de distribución, como por esa disfuncionalidad de origen.

Pero esta estructura irregular y paralela de distribución no es exclusiva de Cargill, sino del resto de las otras tres empresas que controlan el mercado de harina de trigo y de las empresas grandes en general, que también delegan la responsabilidad de las rutas de distribución a empresas que no guardan ninguna relación corporativa con ellas. Dando luz verde a la circulación caótica del producto y a la captación y posterior reventa a precios exorbitantes por parte de mafias. Un crimen perfecto.

Honor a la verdad

La situación actual del pan de trigo sólo se puede entender a través de los múltiples factores (económicos y culturales) que inciden en ella. En buena parte la caída de los ingresos petroleros ha impedido importar todo el trigo que necesita una población en aumento, aunque nunca se han dejado de realizar las compras internacionales; en buena parte las panaderías que acaparan el trigo o lo mezclan con otros derivados para hacer tortas y dulces; en buena parte estas empresas y directivos que dominan un complicado sistema de distribución que caotiza el flujo comercial de la harina de trigo; en buena parte la manipulación cambiaria y la depreciación del salario que transforma la harina de trigo en un producto de lujo, caro, expuesto al bachaqueo.

Pero lo que une a todos estos factores son precisamente los patrones de consumo que moldearon la alimentación del país desde la colonia, pues el trigo es también la narrativa de la dependencia y de la invasión cultural de Venezuela por parte de las corporaciones en el siglo XX, a quienes no les hizo falta tanques y armamento sofisticado para moldear al país según sus estándares, medidas e imitación de necesidades, y más aún si tenían de aliados a actores políticos tan antivenezolanos como los de la Cuarta República.

Encontraron en el imaginario y consumo de trigo (que también remite a la idea de progreso y desarrollo, imitación de la dieta europea y gringa, en cada mordisco) su método más tecnificado de control económico y cultural, ese candado ideológico que se ubica en el estómago y nos ata a los grilletes de las panaderías. En la mina Venezuela más han logrado las corporaciones con la comida que con las armas.


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