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jueves, 16 de febrero de 2017

El día que la canción de Alí Primera trascendió a la inmortalidad


El 16 de febrero de 1985 la canción de Alí Primera, el cantautor venezolano más importante de música comprometida con lo social y lo político, trascendió a la inmortalidad. 

Aunque las causas del accidente de tránsito que le costó la vida en una autopista caraqueña no están claras aún, su canto imperecedero quedó grabado para siempre en la memoria colectiva del venezolano, especialmente de la conciencia social y política del pueblo.

El emblemático músico, que nació el 31 de octubre de 1941 en Coro, en el estado Falcón,  grabó 18 producciones discográficas entre 1969 y 1985, que lo convirtieron como músico militante en un bastión de la lucha popular y revolucionaria.

Ely Rafael Primera Rosell, nombre de pila de Alí Primera, recorrió casi todo el país y otras naciones de América Latina y el mundo, llevando su canto comprometido, solidario y revolucionario.

Entre sus principales temas musicales destacan "Techos de Cartón", "La patria es el hombre", "Mamá Pancha", "Abrebrecha" y "Canción para los valientes", entre más de un centenar de piezas compuestas por el músico falconiano.

Alí Agüero, amigo personal del cantor del pueblo,  contó que pocos meses antes de que Alí Primera muriera, preparaba un disco con ritmos que anteriormente no había interpretado, como la gaita zuliana.

El proyecto lo había comenzado a finales de 1984. Agüero contó que un casete contenía las maquetas de los temas que había compuesto para su inclusión.
Su repentina partida el 16 de febrero de 1985, de la que se cumple este jueves 32 años, truncó el maravilloso proyecto discográfico del cantautor de 44 años.

Este, no cabe duda, fue una de las decenas de proyectos que no pudo continuar Alí Primera en vida, pero que una legión de nuevos cantantes y autores comprometidos han continuado a favor de la nueva canción latinoamericana, para acompañar a todas las revoluciones soñadas por Alí.

Con información de AVN

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miércoles, 15 de febrero de 2017

Aliados o templones caseros, deliciosos dulces criollos (historia+receta)


La casita de Maribri, nos ofrece esta receta de los “Aliados”, un dulce típico de forma alargada y de consistencia blanda, chiclosa y blanquecina o marrón claro, elaborado de manera artesanal por algunas familias en los pueblos andinos colombianos y venezolanos.

Al parecer comienza a elaborarse en el siglo XVIII alrededor de los trapiches que procesan la caña de azúcar, específicamente en la zona del Valle del Cauca. En Colombia reciben el nombre de “gelatina de pata” y son un dulce muy popular, y en la región andina de Venezuela se les llama “aliados o templones.” Los “ruscanos” son un dulce de igual elaboración, típicos en el área de los llanos venezolanos, probablemente provenientes de las preparaciones andinas.

Como ingrediente primordial se utilizan patas de res compradas a los mataderos de la zona, las cuales son colocadas en fogones de leña a fuego fuerte con abundante agua que las cubra, agregándole más cuando sea necesario, y dejándolas cocinar por unas 10 a 12 horas continuas, hasta que las patas se deshagan.

Se forma así un caldo, en donde la grasa se separa y queda encima de la gelatina. Esta grasa se retira con la ayuda de un envase o cucharones, y el caldo de la gelatina es colado.

La gelatina es colocada al fuego nuevamente, junto con papelón o azúcar. Se cocina hasta que agarre el punto, debiendo quedar guindando como un trozo de tela de un cucharón, si cae de a pedazos aún le falta un poco. Cuando ya vaya a estar lista la gelatina se le colocan las especias dulces al gusto, como el clavo, canela y pimienta guayabita.

Esta masa se deja refrescar un poco, pero debe ser trabajada aún caliente para que sea moldeable, y si es necesario se vuelve a derretir. Se procede a amasar y a estirar la gelatina (este procedimiento es llamado batido), esto se hace entra dos personas, o con ayuda de una vara horizontal o horqueta de madera y las manos, colocando la masa encima de la vara, estirando y volviéndola a colocar, y así va el proceso, a manera de jalarla o templarla y darle vuelta. Estirándola de esta manera queda de consistencia suave, esponjosa, blanquecina o de color marrón claro y chiclosa.

Para finalizar, se coloca la masa en un mesón bien espolvoreado de fécula o almidón de maíz para que no se pegue, se amasa y se le da la forma alargada de churros, que serán cortados para formar los “aliados o templones”. Luego se procede a empaquetarlos para la venta.

Es muy difícil la elaboración de un aliado de manera casera, ya que se requiere de un espacio e implementos de cocina muy grandes, además del número de patas de res que debe ser utilizado. Se ha presentado en varios recetarios una manera de elaborar un aliado casero utilizando la gelatina comercial, en polvo o en lámina, y aunque no se puede obtener la misma consistencia chiclosa y que se puede templar o halar, se acerca al sabor original.

Para unos 24 aliados
3 Cucharadas de gelatina en polvo sin sabor
10 Cucharadas de agua a temperatura ambiente
½ Taza de leche evaporada
Almidón de maíz o yuca para espolvorear o pasar los bloquecitos

Melado
400 Gramos de papelón triturado
1 Taza de agua
Una pizca de sal
½ Cucharadita de canela en polvo
¼ Cucharadita de clavo de especias molido
½ Cucharadita de pimienta guayabita molida

En una olla gruesa, junte el papelón con el agua y remuévalo un poco para deshacerlo. Colóquelo a fuego medio removiendo de vez en cuando, de un lado a otro con paleta de madera. Agregue las especias dulces y la pizca de sal, cocine hasta obtener un melado algo espeso. Retírelo del fuego y déjelo refrescar un poco, pero que no se enfríe. Esto da aproximadamente para 2 y ¼ a 2 y ½ tazas de melado.

Aparte, en un envase pequeño coloque el agua, hidrate la gelatina colocándola en forma de lluvia sobre ella, déjela reposar por unos minutos. La gelatina se volverá una especie de masa.

En un bol o envase para batir, coloque la leche evaporada, bátala a velocidad media hasta que se espese y esponje. Agréguele la gelatina, e incorpore poco a poco, el melado de papelón aún caliente, batiendo para ir uniendo los ingredientes y diluir la gelatina completamente.

Se debe batir hasta que la mezcla se vea esponjosa y gruesa, por 5 a 10 minutos a velocidad media. “Se debe parar el proceso de batido si se nota que la mezcla empieza a secar y a cuajar.”

Vierta la mezcla en un molde engrasado, de manera que no quede muy gruesa, de unos 3 centímetros. Se aplana con ayuda de una paleta o con las manos para darle forma.

Déjela que cuaje. Desmolde y corte en bloquecitos de unos 3 centímetros ancho por 9 centímetros de largo. Pase los bloquecitos por almidón para que no se peguen. Deje reposar los aliados por unas horas antes de comer, para que así agarren un poco más de sabor. Con los días agarraran más gusto. Se pueden guardar en un envase cerrado.

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lunes, 30 de enero de 2017

Cumaná y sus sabores

Con el honor de ser la primera ciudad del continente Americano, Cumaná se ondea en la desembocadura del río manzanares. Orgullosa de ser de la cuna de Antonio José de Sucre  y de contar su historia, en la actualidad  muestra complacida una de las mejores mesas de Venezuela, variedad de sabores que halagan el paladar puede disfrutar el turista en una visita a la capital del Estado Sucre.
Pegadita al mar, así se encuentra Cumaná. Y es una de esas ciudades con tradición y cultura que bien vale la pena detenerse para realizar un recorrido. Si es de aquellos que se complace con descubrir pedazos de la historia, bastará con una caminata por su centro para descubrir una ciudad llena de pasado. Pero si es de los que les encanta la buena comida, lo más recomendado en esta tierra es hacer un tour por el sabor, en esta zona del país son especialistas en los frutos del mar y otras delicadeces. Aquí hay algo para cada gusto. Anoten:
El Mercado: Laberinto de sabores
A las seis de la mañana se escucha la bulla, los sonidos que se confunden, entre el que ofrece verduras, aquel que descarga las frutas, la música que viaja de puesto en puesto y los olores mezclados en un sin fin de kioscos con la más variada oferta para preparar sus platos. Recorriendo el espiral que representa el Mercado Municipal de Cumaná se llega a su parte trasera. Imposible dejar de llevarse las arañitas (tiras de dulce de lechosa), la jalea de mango o el dulce de hicacos, más allá, la venta de casabe; y cruzando a la derecha el paraíso de los pasteles, empanadas y arepas. Las hay rellenas de chicharrón, de carne, de pollo, un pecado que se puede permitirse por lo menos en este viaje.

El Indio: Bueno, Bonito y…
Este espacio queda en la entrada de Cumaná. Se trata de una suerte de restaurantes nada atractivos a la vista, pero con todo el sabor de los platos que ofrecen. Ventiladores  bajo el techo de zinc apaciguan el calor. Mesas adornadas con manteles plásticos,  sobre ellas, flores para decorar el ambiente. El menú camina por todo el sitio. Mujeres y hombres anuncian  cual es el especial del día  a viva voz: pastel de chucho, calamares rebozados. Todo acompañado con papas, tajadas o arroz. Suena coloquial, y lo es. Pero sabe como el primer bocado que cuando infante el ser humano se mete a la boca: plácido, caliente, y como si estuviera hecho por las manos del ser que nos dio la vida.
Para volver a la vida: Coctelitos
Si además de buen sabor necesita una ayudita afrodisíaca acuda al final de la Avenida Perimetral. Allí la esperan Lesbia, Pedro y su combo. Un grupo de cumaneses que se han dedicado a crear “bombas” que levantan hasta al más dormido. Una combinación de calamares, camarones, pulpo, ostras y lo que ellos llaman “arrechones”, se mezclan y se colocan en vasitos. A estos le colocan salsa inglesa, salsa de tomate, picante y un toque secreto que guardan en una botella de vidrio llena de toda clase de ramas. Ellos dicen que con un poquito de ese jugo “se rompe cualquier licra”. Aquí los vendedores son dicharacheros, alegres y hasta cantan. Los turistas se paran, quien sabe si por su fama, su sabor o por lo que presuntamente logra esta comida.
La Negra: Tres generaciones de buena sazón
Justo en frente de los Coctelitos, en el sector de Caigüire, permanece en pie el restaurante más antiguo de la ciudad. La Negra desde hace más de cien años se ha convertido en punto de encuentro de quienes visitan esta zona del oriente del país. Buenos platos del mar y la tierra son sólo el abreboca. La historia de trabajo de estas mujeres- abuela, madre e hija-  se ha convertido en el verdadero atractivo del  local, pues asegura María Antonieta, la última de las Negras, que siempre hay quien busque una sopita caliente y allí la va a conseguir. En la actualidad no es una mujer la que atiende el negocio sino un ahijado, que tomó el bastión en sus manos y lucha por mantener en pie el legado de una familia.


http://www.eluniversal.com/noticias/guia-turistica/cumana-sus-sabores_637183



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